La relegitimación de las agriculturas familiares: Por un Decenio desde los territorios que trascienda los discursos

Desde la declaración del Año de la Agricultura Familiar Campesina en el 2014, la Organización de las Naciones Unidas ha establecido su voluntad política por priorizar acciones concretas en favor de la Agricultura Familiar. En términos generales y específicamente en América Latina, según la FAO, el Año Internacional de la Agricultura Familiar 2014 tuvo éxito en sus objetivos principales: “en los países se logró una estrecha colaboración intersectorial para apoyar el desarrollo de políticas adecuadas y propiciar la comunicación y conciencia pública sobre la importancia y desafíos del sector. Los gobiernos impulsaron estructuras y mecanismos para dar sostenibilidad a los pequeños agricultores, creando una serie de nuevos marcos legales y mejores políticas públicas que tendrán un impacto directo en la seguridad alimentaria de América Latina y el Caribe”.[1]

 

Una vez transcurrido el año 2014, las acciones que se llevaron adelante tuvieron repercusiones positivas para visibilizar el rol sustancial de la agricultura familiar en la provisión de alimentos y en las prácticas y tecnologías de producción sostenibles y resilientes frente al cambio climático. Uno de los efectos más significativos fue el surgimiento y fortalecimiento de iniciativas locales sostenidas por organizaciones sociales de base. En el caso del Ecuador, esta declaración facilitó la amplificación de las iniciativas del Comité Nacional de Agricultura Familiar Campesina y Comunitaria que desde el año 2012 viene generando iniciativas locales para el fortalecimiento de la agricultura familiar campesina y rural del país.

El Comité Nacional de Agricultura Familiar Campesina y Comunitaria del Ecuador se constituyó por iniciativa de la Mesa Comunitaria de la Políticas Públicas (MCPP) y del Centro Andino para la Formación de Líderes Sociales (CAFOLIS). Según el sociólogo rural, Fernando Rosero Garcés, la iniciativa ecuatoriana y costarricense de construir comités nacionales de agricultura familiar representó el impulso para la conformación de propuestas similares en más de cuarenta países. Por ello, en 2014, la FAO reconoció a los comités nacionales como interlocutores para la programación de actividades en diferentes países del mundo (Rosero Garcés, 2021).

A qué se enfrenta la AF y porqué es importante el Decenio

Pese a los esfuerzos realizados y las iniciativas que se implementaron, el año 2014 no fue suficiente para lograr el alcance, la repercusión, la concientización y la valorización requeridas para posicionar a la agricultura familiar. Esto representa una consecuencia concreta producida por los procesos de deslegitimación e invisibilización sistemática que la agricultura campesina ha tenido que enfrentar por parte de las élites económicas y políticas que controlan el mercado de la alimentación desde hace décadas. En efecto, un año de buenas intenciones no pueden contrarrestar los años, las décadas y los centenarios de la instalación, perpetuación y agudización de un modelo de producción agrícola que objetiviza y mercantiliza el alimento para la acumulación del capital, en detrimento del empobrecimiento ecosocial y del suicidio planetario.

Así, pese a las evidentes consecuencias de hambruna, contaminación y despojo multidimensional proveniente del agronegocio, este modelo sigue manteniendo su hegemonía. Esta supremacía toma sentido cuando la comprendemos a la luz del postulado de los sociólogos Corrigan y Sayer (2007) y su análisis respecto a la conformación del Estado. El Estado está concebido desde una matriz hegemónica que le permite conseguir la legitimación de aquello que es ilegítimo por naturaleza. En este sentido, la hegemonía del agronegocio, con el uso de la fuerza y la coerción, ha logrado imponer su modelo de producción y ser perpetuado como legítimo en las cúpulas políticas y financieras, acreditando un carácter de interés colectivo a un modelo que mantiene intereses individuales en torno a la monopolización del negocio agroalimentario. La única manera de posibilitar la legitimidad del agronegocio, de este modelo ilegítimo y descomunalmente destructor, es solamente a través del abuso de poder de las élites políticas y multinacionales que controlan en sus manos el negocio de la alimentación.

El ejercicio de legitimidad del agronegocio requiere, para instaurarse como tal, la desvirtuación, silenciamiento, invisibilización y deslegitimación de la agricultura familiar y otros modelos no convencionales de agricultura. Así, desde los intereses oligopólicos, la legitimidad del agronegocio se consolida a partir de la construcción social y política de una agricultura familiar insuficiente, inapropiada e improductiva. Sin embargo, las cifras y los estudios estadísticos demuestran todo lo contrario. Según la FAO, el 80% de los alimentos son producidos por agricultores familiares.[2] En el caso de Ecuador, varios analistas estiman que el 60% de los alimentos provienen de la agricultura familiar (Laforge y Salas, 2016), y el 75% de las unidades de producción agropecuaria que existen en el país representan a fincas que están en manos de mujeres rurales. Desde estas fincas, las mujeres ejercen la soberanía alimentaria, el cuidado del medio ambiente, y sostienen la producción y reproducción de las economías campesinas (CNAFCC, 2022).

De esta manera, la agricultura familiar cumple un rol sustancial en el aprovisionamiento de alimentos para las familias ecuatorianas, y logra cubrir esta necesidad nacional en medio de condiciones sumamente desfavorables. Tal como lo establece Francois Houtard, cuando analizamos las condiciones a las que la agricultura familiar se enfrenta: “podemos concluir que la AFC no es muy productiva, pero la razón fundamental no es por el hecho de que sea una agricultura de pequeña dimensión y/o familiar o indígena. Sino que las condiciones generales económicas, sociales y políticas, impiden a la AFC ser productiva: no tiene acceso a las mejores tierras, tiene dificultades de acceso al agua, no tiene posibilidad o muy poco de crédito, tiene dificultades de comercialización”.[3] Así, la legitimidad del agronegocio deviene de un entramado de poder político y económico que, por la fuerza y el poder, se impone por encima de otros modelos productivos. La consolidación de esta legitimidad se traduce en políticas públicas que avalan, sostienen y fomentan un modelo de producción que, aunque ilegítimo y destructor, cuenta con legitimidad política.

La importancia del Decenio frente al contexto problemático

En el año 2019, pese a la cooptación de la alimentación por parte del agronegocio, la fuerza y la viva voz de las organizaciones sociales lograron instaurar el proclamado Decenio de las Naciones Unidas de la Agricultura Familiar, impulsado por la sociedad civil desde diciembre del 2014. Así, en ese año, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) inauguraron una estrategia articulada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para llevar adelante iniciativas que logren una repercusión mayor para el fomento de la agricultura familiar. En este contexto, se instauró el Decenio de las Naciones Unidas por la Agricultura Familiar con el objetivo de “aportar una nueva perspectiva sobre lo que significa ser unx agricultorx familiar en un mundo que cambia rápidamente y destaca, como nunca antes, el importante papel que desempeñan lxs campesinxs familiares en la erradicación del hambre y la construcción de nuestro futuro alimentario”.[4]

Para consolidar la ejecución y asegurar el cumplimiento del Decenio por la Agricultura Familiar, la FAO y el FIDA se propusieron siete pilares:

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Notas:

1 Investigadora social de problemáticas migratorias, particularmente en zonas rurales. Activista feminista y miembro del Colectivo Geografía Crítica Ecuador. Master en Sociología y Psicoanalista en formación.

2 Investigadora en temáticas ambientales articuladas a la racialización, la precarización laboral, el trabajo campesino, los derechos humanos. Activista en contra de la precarización laboral. Maestrante en Estudios Socioambien-tales de FLACSO Ecuador.

3 En el mes de junio el mercado fue ubicado a las afueras de Pelileo, específicamente en el Estadio García Moreno, posteriormente, fue trasladado a la Plaza Oriente, conocida como la Plaza de las papas en un sector más céntrico.

Bibliografía:

FIAN Ecuador, Instituto de Estudios Ecuatorianos, Observatorio del Cambio Rural Ocaru, Unión Tierra y Vida y FIAN Internacional. 2020. “¿Crisis alimentaria en Ecuador? Nuestro derecho a la alimentación en tiempos de COVID-19”. Informe.

FIAN Ecuador, Instituto de Estudios Ecuatorianos, Observatorio del Cambio Rural, Tierra y Vida y Fian Internacional. 2020. De quienes nos alimentan. La Pandemia y los Derechos Campesinos en Ecuador.

Hollenstein, Patric. 2021. “El mercado agroalimentario en disputa: historia agraria, economía popular, modernización estatal y privatización encubierta en Ecuador (1850-2017)”. Tesis de doctorado, FLACSO Ecuador.

Hollenstein, Patric. 2020. “Mercados agroalimentarios”. En Territorio, ruralidades, ambiente y alimentación en el Ecuador: un balance de la investigación (2009-2019), editado por Pablo Ospina et al., 169-189. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar.

Martínez, Luciano y Liisa North. 2009. «Vamos dando la vuelta»: iniciativas endógenas de desarrollo local en la Sierra ecuatoriana. Quito: FLACSO Ecuador.

Ospina, Pablo, Patric Hollenstein y Sara Latorre. 2020. Territorio, ruralidades, ambiente y alimentación en el Ecuador: un balance de la investigación (2009-2019). Quito: Universidad Andina Simón Bolívar.

Ospina, Pablo y Patric Hollenstein. 2015. “Coaliciones territoriales y dinámicas rurales en Ecuador: por qué la historia importa”. Documento de trabajo, Grupo de Trabajo Cohesión Territorial para el Desarrollo (Documento Nº 170).

*Porfavor citar este artículo como: Lucía Pérez Martínez & Rossana Torres Vinueza; Alternativas en el campo en tiempos de la COVID-19: Estudio de caso la feria «de la mata a la olla» Pelileo; Quito: IEE – OCARU, 2022.

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Stephanie Andrade

Investigadora

Magíster en antropología social de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Es buscadora de la vida, desaprendiz permanente, amadora de la agro/biodiversidad, la agroecología y admiradora de quienes la custodian. Le gusta escribir, recolectar historias e investigar sobre temáticas vinculadas con la agricultura, su gente y su capacidad inmanente de resiliencia.

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