Emergencia y Coaliciones por la Agroecología

Diseño y diagramación ~ Katherine Herrera

Resumen: En marzo 2025 se desarrolló el primer encuentro del proyecto Coaliciones para apoyar procesos socio-políticos hacia la transición agroecológica en Suramérica, en la ciudad de Bogotá. Una de las actividades fue la mesa de debates en la Universidad Nacional de Colombia en la que participó con una ponencia magistral Paulo Petersen. Su intervención consistió en ubicar la emergencia e importancia de la agroecología como red multiactor y multiescalar, y su contribución a equilibrar la entropía social y física.

Presentación

Es un placer estar aquí otra vez en la Universidad Nacional de Colombia. Estuve el año pasado en el Primer Congreso Popular, Político y Científico de Agroecología, Colombia 2024, que para mí fue una clase de cómo hacer un evento académico popular. Estoy en representación de las organizaciones que cooperan en el proyecto: Coaliciones para apoyar procesos socio-políticos hacia la transición agroecológica en Suramérica, y me fue dado este momento para intercambiar algunas ideas sobre el sentido y las características de las coaliciones por la agroecología(1).

Introducción

El motivo de empezar una iniciativa de esta naturaleza –Coaliciones– es porque nos encontramos en la profundización de una policrisis que lleva a la sociedad moderna a estar en riesgo del colapso. Una de las dimensiones de esa policrisis es la crisis política, o sea, la pérdida de legitimidad de las instituciones que regulan el funcionamiento de nuestras sociedades. Ante la incapacidad de respuestas consistentes a la crisis, desde el 2008 sobre todo, vemos el ascenso de fuerzas autoritarias y reaccionarias que amenazan nuestras frágiles democracias. Yo afirmo, desde luego, que la agroecología es una de las llaves para la profundización de las democracias y para enfrentar esta policrisis de forma adecuada. Pero, para que se forje efectivamente una respuesta amplia es esencial la construcción de una fuerza social con capacidad de impulsar cambios institucionales, y trataré sobre esto en mi exposición.

El título que he elegido para mi presentación es la importancia de las coaliciones por la agroecología como condición para el afianzamiento de esta fuerza y producir una respuesta efectiva a la policrisis, en el grado de urgencia en el que se debe poner. El término “emergencia” es intencionalmente utilizado aquí dos veces, pero con significados distintos. El primero indica exactamente el sentido de “urgencia”, tal como se ha consolidado en los últimos años en el vocabulario político, académico y de los medios. El término “emergencia” climática fue elegido como el término del año en 2019 por el diccionario Oxford. El uso del término se ha multiplicado debido a que el fenómeno físico se acelera de tal forma que poco a poco necesitaremos nuevos términos para designar su gravedad. Antes hablábamos de calentamiento global, después de cambio climático, ahora “emergencia” climática, por ello es necesario actuar lo más rápido posible antes que tengamos que utilizar el término “caos” climático.

Hay un eslogan del movimiento ambiental que dice que ganar lentamente es igual a perder. En el Informe Especial sobre Calentamiento Global del 2018 se afirmaba que teníamos una década para reducir drásticamente las emisiones y evitar la subida de la temperatura global en más de 1.5°C, pero no solo que no reducimos durante ese periodo, sino que incrementamos las emisiones, el año 2024 ya superamos varias veces la cifra de 1.5°C. Sin embargo, las soluciones que están siendo presentadas son construidas dentro del mismo sistema de ideas y prácticas que han creado el problema. Son falsas soluciones porque que nos vienen por la vía de los mercados; el mercado es actualmente la principal institución reguladora de las sociedades contemporáneas, este es un punto central para nuestro debate, el mercado no debe regularnos, sino que nosotros deberíamos regular al mercado. Hablar de esto es necesario para la construcción de otras economías que no estén orientadas en la búsqueda desenfrenada de ganancias a corto plazo.

Pero, de dónde deben venir las respuestas si no vienen del mercado ¿de dónde vienen? Este es el segundo sentido del término de “emergencia” en el hilo de mi presentación. Entender la “emergencia” como un fenómeno de formación de patrones de organización sistémica, por ejemplo, a partir de una multiplicidad de interacciones simples, sistemas complejos como los socio-ecológicos necesitan de regulación compleja y no del control centralizado y jerarquizado ejercido de arriba – abajo por las corporaciones del mercado global. Son necesarias regulaciones en diferentes escalas. Hablamos de la organización en redes multiescalares, en diferentes niveles territoriales, y transescalares, entre los diferentes niveles.

Una perspectiva ecológica de las organizaciones sociales y políticas

Somos seres de la naturaleza, pero procuramos organizarnos como si no lo fuéramos. La naturaleza es pródiga en detalles, pero es parsimoniosa en principios. Nosotros adoptamos un principio de organización social y política que no tiene nada que ver con la forma misma del funcionamiento de la biósfera. Con pocos principios combinados entre sí, los procesos evolutivos han generado toda la diversidad de vida que conocemos. Nos parece que estamos atrapados en fórmulas de organización y acción política heredadas de siglos pasados, con la naturaleza siendo tomada como simple fuente de recursos o un sumidero de desechos. En este sentido, la agroecología puede tener gran contribución para salir de ese patrón civilizatorio si es conformada a partir de una perspectiva ecológica de organización política. La agroecología nos reposiciona como una especie más en la naturaleza. Parte del principio fundamental de la indisociabilidad entre la cuestión social y la cuestión ambiental.

Para desarrollar este tema recurro a una frase del nobel Norbert Wiener, el padre de la cibernética:

“en un sentido muy real somos náufragos en un planeta condenado, sin embargo, incluso en un naufragio, la decencia y los valores humanos no necesariamente desaparecen y debemos hacer el mejor uso posible de ellos, si necesariamente debemos hundirnos, que sea de manera que podamos estar a la altura de nuestra dignidad”.

Por más familiares que estas palabras suenen en la actualidad, Norbert Wiener no hacía referencia a la emergencia socioecológica a la que nos estamos refiriendo aquí. En 1950, cuando él escribió esa frase, los fenómenos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y los procesos acelerados de desertificación todavía no estaban en la agenda política. En esa frase él hacía referencia a un fenómeno aún mayor y más definitivo que es la tendencia inevitable al crecimiento de la entropía(2), o sea, la muerte térmica del planeta. Veía a nuestro planeta como una pequeña isla de entropía decreciente al interior de un universo en el que la entropía tiende a crecer.

Ustedes pueden estarse preguntando: ¿por qué traigo esta cuestión aquí? Si ya tenemos problemas suficientemente grandes, inmediatos y difíciles de tratar, ¿por qué traer uno aún mayor y de imposible resolución que es la muerte térmica del planeta en unos mil millones de años a futuro? Hay una razón básica para eso, si nos vemos
como una de las especies que habita esta isla de neguentropía, tenemos que reconocer nuestra responsabilidad al acelerar las tendencias entrópicas a las cuales la biósfera está irremediablemente condenada, no sin razón nos tornamos una fuerza geológica –justificando la denominada era del Antropoceno–.

Tenemos plena conciencia de eso, pero no logramos dar pasos consistentes para escapar de la trampa en que nos metimos. Vivimos en un tiempo histórico que aún puede ser considerado como una ventana de oportunidad. Pero esta ventana se está cerrando rápidamente en razón de dos elementos: a) el sistema terrestre que sustenta la biosfera se está desorganizando a un ritmo acelerado (aumento de la entropía física); y b) con sus falsas soluciones para las crisis climática y ecológica, el sistema de organización económica y social dominante actúa como el escorpión de la fábula, en conformidad con su naturaleza: se condena a la muerte al condenar a las sociedades de las que depende también a la muerte. Entre nosotros y nosotras que estamos aquí es muy probable que la metáfora del escorpión traiga a la mente el nombre del enemigo que debemos nombrar claramente: el capitalismo.

Hay autores como Jason Moore que ponen en cuestión la noción de Antropoceno. Afirma que la noción define de forma turbia los orígenes de la crisis civilizatoria, atribuyendo al conjunto de la especie la responsabilidad por esta crisis. Para Moore, el capitalismo no puede ser entendido como un sistema político ni económico sino como una forma histórica de organizar la naturaleza para la reproducción humana que, en beneficio de una minoría –cada vez menor–, explota hasta el agotamiento el trabajo humano y los bienes de la naturaleza. Esto nos lleva a un impasse político y nos atrapa entre dos polos de un dilema que ni los gobiernos más progresistas logran superar.

El avance del capitalismo frente a las crisis cíclicas ocurre bajo una premisa de la economía liberal, también abrazada por los progresismos: la idea de que para hacer distribución de riqueza es preciso el crecimiento económico. Esa premisa lleva a la siguiente contradicción: tomar en serio los límites de la crisis ambiental, en cuanto a decrecimiento económico, implicaría abandonar la lucha contra la pobreza y las desigualdades; tomar en serio la lucha contra las desigualdades implica ignorar la crisis ambiental. La única solución posible para superar este impasse es rechazar la premisa, o sea, disociar la reducción de las desigualdades del crecimiento económico; justicia ambiental y justicia social pueden y deben ser objetivos que se refuercen mutuamente, no son y no necesitan ser objetivos opuestos.

Hay que abandonar la idea de distribuir la riqueza que todavía será creada por la distribución de la riqueza que ya existe. El actual escenario de emergencia socioecológica se debe a las formas en cómo se han dado respuestas a las crisis cíclicas del capitalismo del pasado. La socialdemocracia que ha permitido la distribución de riquezas lo ha hecho al costo del aumento de la entropía física del planeta. Desde el momento histórico de la postguerra vivimos el proceso de la “gran aceleración”. Eso se puede ver en los gráficos del aumento exponencial de consumo de bienes a partir de los años 50 del siglo pasado. Esta ha sido la respuesta del capitalismo a la crisis: para superar la entropía social(3) se aumenta la entropía física.

La crisis que vivimos hoy, en la era del capitalismo neoliberal, es el resultado de un aumento conjugado de dos entropías. Asistimos a niveles inéditos de desigualdad social y de degradación de la biosfera. Las respuestas del pasado a las crisis del capitalismo ya no se aplican al día de hoy. Actualmente vivimos una crisis estructural. Superarla implica una profunda transformación de las instituciones que regulan el funcionamiento de nuestras sociedades. Las instituciones del neoliberalismo atraviesan una profunda crisis de legitimidad, son instituciones zombies, “están vivas, pero están muertas”, y esta debería ser una enorme oportunidad para hacer avanzar propuestas antisistémicas, emancipatorias, claramente anticapitalistas como la agroecología.

Sin embargo, dado que los gobiernos más progresistas no logran dar respuestas, están siendo las fuerzas de extrema derecha las que capturan el sentimiento de malestar y de desprotección generado por la creciente precarización de la vida individual y colectiva, falta de perspectiva para las juventudes, aumento de la violencia contra las mujeres, sobrecarga de trabajo, enfermedades mentales, entre otros aspectos.

El triunfo de las fuerzas reaccionarias está asociado a la desconfianza creciente hacia un sistema de poder que se dice democrático, que se dice defensor de derechos humanos, pero es incapaz de poner freno a la entropía social con situaciones terribles de precariedad, de privación y de violencia; para salir de esa situación hay que trabajar sobre las cuestiones afrontadas por las mayorías excluidas o vulneradas del sistema, personas que viven de su trabajo y no de gestionar el capital.

Es en el territorio donde la vida es reproducida a través del trabajo, es el territorio donde se puede intervenir objetivamente en los flujos que hacen al capitalismo funcionar. Es exactamente este el papel de la agroecología conjuntamente con la perspectiva feminista de transformación del mundo del trabajo. En ese sentido, la agroecología en conjunción con el feminismo se revela hoy por hoy como los movimientos antisistémicos más significativos en las últimas décadas. La articulación entre el movimiento feminista emancipatorio y el movimiento agroecológico es clave para la construcción teórica y política de economías redistributivas y regenerativas a la vez.

Estamos ante la necesidad de construir instituciones que tengan capacidad de equilibrar la entropía física con la entropía social. Actualmente asistimos a la desestructuración de las instituciones creadas en la postguerra. En el libro “Introducción a la Agroecología Política” (2021)(4) presentamos ideas relacionadas a las formas de organización y construcción de instituciones necesarias para lograr que la agroecología se torne efectivamente en un proyecto social transformador.

La emergencia de la agroecología se hace mediante una articulación de prácticas concretas en los territorios con un enfoque científico crítico y un movimiento de lucha para la construcción de otras economías. Pero esto no sucede de forma aislada, es un proceso donde la práctica, la ciencia y los movimientos se articulan. Este es el primer reto de las coaliciones por la agroecología, o sea, la necesidad de renovar los movimientos sociales y las instituciones académicas poniéndolos en estrecho diálogo con las experiencias sociales en los territorios.

Tensiones y bloqueos para el cambio

Aunque las experiencias en nuestros países vienen creciendo son contenidas por un ambiente institucional hostil que bloquea la generalización y la transformación de los sistemas agroalimentarios. Hablaré rápidamente sobre este bloqueo y allí veremos que el movimiento agroecológico emergente es como una espiral que va creciendo, pero frenado por un ambiente institucional hostil. En ese sentido, hablamos de un bloqueo sistémico que acorrala cualquier práctica ajena a su función sistémica de régimen agroalimentario dominante. Es como si fuera una respuesta inmunológica: las prácticas de la agroecología son ajenas al régimen neoliberal. Son tres formas principales de cómo este bloqueo opera.

El primero es el rechazo sistémico. En ese caso, las prácticas ajenas son prohibidas. La prohibición de intercambiar semillas nativas es un ejemplo muy claro de cómo el marco institucional va creando obstáculos a prácticas sociales fuera del ciclo de reproducción del capital. Un segundo proceso es la encapsulación que se hace sobre una experiencia alternativa para evitar que tenga efectos mayores, sistémicos, mientras
sean pequeños no son una amenaza. Este es el caso de las legislaciones sanitarias que ponen restricciones a la comercialización de la producción artesanal. El tercer caso es la convencionalización, un mecanismo de neutralización de la fuerza transformadora de estas experiencias. El ejemplo clásico es el control corporativo sobre los mercados de productos orgánicos que se ha transformado en un eslabón funcional al régimen agroalimentario dominante.

El sentido de las coaliciones

Uno de los objetivos del proyecto Coaliciones por la agroecología es identificar y mapear las experiencias sociales. Hay que partir de lo que existe, no de lo que debería existir. No es poco lo que hay de agroecología en nuestros países. Hay mucho, pero desarticulado, invisibilizado, desconocido. Dar visibilidad, y promover el intercambio entre los sujetos involucrados, hombres y mujeres, es fundamental.

Las luchas

Podemos interpretar las luchas agroecológicas por dos prismas complementarios: a)la lucha por la autonomía; y b) la lucha por la hegemonía. Son dos ideas que se oponen entre sí en la tradición del pensamiento de izquierda. La lucha por la autonomía no implica aislamiento social frente a la lucha por la hegemonía en la sociedad. ¿Cómo luchar por la hegemonía social sin matar la heterogeneidad y la diversidad necesarias a la agroecología? Hay que superar esta y otras dicotomías que vienen atrapando las estrategias antisistémicas de la izquierda.

Hay que superar, en primer lugar, la distinción entre las perspectivas verticalistas y las horizontales de organización social y política. Es necesario ser vertical y horizontal a la vez. Hay que asegurar las autonomías locales, pero a la vez hay que tener capacidad de incidir sobre las estructuras del poder institucional. En segundo lugar, hay que superar la vieja dicotomía entre revolución y reforma. La “síntesis” entre esas dos formas de cambio fue definida por Edgar Morin como una metamorfosis: a la vez revolucionaria que desarticula las estructuras de poder y reformativa, en un proceso de cambio gradual. Tenemos, entonces, la necesidad de una metamorfosis agroecológica.

El sujeto colectivo de la agroecología

¿Cómo construir un sujeto colectivo de la metamorfosis agroecológica? Esta es una cuestión importante. Hablar de un sujeto colectivo no significa hablar de un sujeto unificado por una sola organización totalizadora. El desafío es construir un sujeto colectivo sin una fuerza centralizadora, sin una fuerza única. Tradicionalmente hay dos formas en las que podemos pensar cómo actuar en conjunto para promover transformaciones sociales.

La primera, es una que podemos llamar de acción agregada, es la acumulación de múltiples acciones individuales o de pequeños grupos a lo largo del tiempo, algunas son de escalas muy pequeñas. No hay deliberación centralizada o planeamiento colectivo. Son respuestas locales a problemas comunes, experimentadas simultáneamente por diferentes actores; las transformaciones ocurren como el resultado agregado de una multiplicidad de cambios en el tiempo y en el espacio. Pongo aquí un ejemplo muy prosaico que sucedió en Río de Janeiro, el expresidente Bolsonaro salió en una manifestación en Copacabana y una persona pone en la ventana: “Sin amnistía. Estaba ahí ese cartel, justamente en medio de una manifestación de los golpistas a favor de la amnistía, este es un ejemplo muy claro de una iniciativa molecular, sin control, pero que son millares y millares de personas haciendo esto, esa foto impactó más que una marcha de miles de personas porque ha repercutido en todo el país y tiene un efecto político fundamental, o sea, estas asociaciones moleculares existen, son muchas, pero la mayoría de ocasiones son invisibilizadas.

La segunda que podemos considerar es una acción colectiva que implica pertenencia a una identidad más amplia, una acción individual que resulta de un proceso intencionado de deliberación y de intervención colectiva. Un ejemplo, la marcha de mujeres en el Nordeste de Brasil en defensa del territorio y en contra de la instalación de parques eólicos. Ahí hay un sujeto colectivo con acción deliberada, con una marcha y con gran visibilidad política. Esta distinción entre una acción molecular y una acción colectiva, es un desfase solamente teórico. Cuando analizamos los procesos históricos de transformación social, las dos formas de acción siempre están presentes, se mixturan en diferentes proporciones. Hay muchos centros operando a partir de escalas muy diferentes de lucha y de transformación.

Las transformaciones moleculares ocurren, pero no tienen la potencia de transformar las estructuras si no son combinadas con acciones colectivas. Es necesario evitar las visiones binarias que nos han atrapado históricamente para pensar la forma de actuar colectivamente. Esto demuestra que es mejor interponer evoluciones de forma, procesos horizontales a verticales, necesitamos de la síntesis, de los polos porque son complementarios y se refuerzan mutuamente; las coaliciones son redes que pueden producir esa síntesis en una acción distribuida por diferentes actores y organizaciones.

Analizar esta perspectiva de la acción distribuida tiene una consecuencia práctica para la organización de nuestros movimientos sociales. Impone pensar en lo que ya existe y no en lo que debe existir. Las organizaciones ya están, hay diversidad entre ellas, eventualmente contradicciones entre ellas, pero es posible pensar en modelos sinérgicos donde cada cual, con su especificidad, expresa una función específica en el ecosistema político organizativo. Hay diferentes formatos organizativos interactuando. Eso crea un fenómeno de emergencia del movimiento, históricamente el debate sobre organizaciones siempre tuvo una orientación perspectiva, lo que debe llegar a ser, por eso siempre la búsqueda de la forma organizativa ideal ¿cómo nos organizaremos?, ¿cuál es la mejor manera?, pero es necesario pensar de otro modo, coordinar las coaliciones como una ecología de organizaciones. El desafío es conectar experiencias locales en redes que a su vez se conectan con otras redes en diferentes escalas, reforzando las condiciones y posibilidades unas de otras para potenciar sus efectos combinados en escalas más agregadas.

Un ejemplo, también de Brasil, es el ejercicio de diálogos y convergencias entre la agroecología, el movimiento de salud colectiva, el movimiento de justicia ambiental, de soberanía alimentaria, de economía solidaria, del feminismo. Todos son movimientos emancipatorios que existen y que pueden articularse entre sí, construyendo esferas de acción más amplias que la suma de los movimientos aislados.

Hay dos estrategias combinadas para el avance del proyecto agroecológico. La primera es de resistencia y obstrucción a los nuevos cercamientos del despojo para impedir la instauración del proyecto del capital en el territorio; esta es una estrategia defensiva y de denuncia. Pero hay otro lado de la moneda. La segunda estrategia, aquellas ofensivas, propositivas y de anuncio ¿cómo se construye estas? exactamente desde las experiencias que apuntan hacia la desconexión de los circuitos de reproducción del capital. Experiencias con semillas criollas, nativas, la construcción de mercados locales territoriales, la producción alimentaria de autoconsumo, son todas formas de desmercantilizar y no estar comandados por el mercado, sobre todo los mercados capitalistas. Los mercados deben estar regulados por la gente. La gente regula los mercados y no son regulados por el mercado.

Conclusiones

Una conclusión para finalizar, es que para avanzar con nuestras coaliciones emergentes tenemos el desafío de posicionar la agroecología en un sentido estratégico triple vinculado al principio de la indisociabilidad entre la cuestión ecológica y la cuestión social. Primero, denunciar los intentos de transformar la crisis ambiental y climática en un caballo de Troya para la deslegitimación y la implantación de medidas y proyectos socialmente regresivos, como las falsas soluciones y las narrativas de distracción, como el capitalismo verde, la bioeconomía, la agricultura climáticamente inteligente o regenerativa.

Segundo, debemos evitar también el simétrico opuesto que se refiere a una izquierda dogmática, para la cual la crisis ambiental no pasa de una cortina de humo para alejarnos de los reales desafíos de superación de las desigualdades sociales. Tercero y tal vez lo más importante, el desafío de construir una base social amplia, capaz de sintetizar las luchas por justicia ambiental, por justicia social y climática en una sola lucha.

¿Conseguiremos tal objetivo? Ahora no lo podemos saber, pero delante de la emergencia socioecológica hay que invertir en la conformación de coaliciones que creen las condiciones objetivas y subjetivas para la construcción de respuestas capaces de retardar las tendencias entrópicas de nuestro planeta y asegurar vida digna para muchas generaciones que nos van a suceder.

Muchas gracias.

Notas:

(1) El proyecto reunió por dos días durante el mes de marzo 2025 a delegados en la Universidad Nacional de Colombia a representantes de Agricultura Familiar y Agroecología AS-PTA (Brasil), Instituto de Estudios Ecuatorianos IEE (Ecuador), AGROECOL – Andes (Bolivia), Universidad Nacional de Colombia, y el International Development Research Centre IDRC (Canadá).

(2) Derivado de la segunda ley de la termodinámica, la entropía es una grandeza física que mide el grado de desorden, aleatoriedad o dispersión de la energía en un sistema. La entropía será mayor cuanto más desordenado esté un sistema, o cuanto más dispersa esté su energía.

(3) Podemos concebir la entropía social como un ejercicio isomorfo de la segunda ley de la termodinámica que contribuye a la comprensión biofísica de los procesos sociales. Es decir, el orden o la organización pueden disiparse, generando desorden o entropía social. De esta forma, el orden se asocia con la neguentropía y el desorden con la entropía.

(4) González de Molina, M.; Petersen, P.; Garrido Peña, F.; Caporal, F. Introducción a la agroecología política. Buenos Aires: CLACSO, 2021 (disponible en: https://www.clacso.org/wp-content/uploads/2022/01/Introduccion-agroecologia.pdf)

* Paulo Petersen es agrónomo y director ejecutivo de AS-PTA – Agricultura Familiar y Agroecología, una destacada ONG brasileña. También es miembro del Núcleo Ejecutivo de la Articulación Nacional de Agroecología (ANA) y de la Mesa Coordinadora de la Comisión Nacional de Agroecología y Producción Orgánica (CNAPO), colegiado de gestión participativa de la Política Nacional de Agroecología y Producción Orgánica (PNAPO), en Brasil. 

* Coordinación y Edición: Esteban Daza Cevallos (OCARU).

* Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las del Instituto de Estudios Ecuatorianos, el Observatorio del Cambio Rural, la Fundación Rosa Luxemburg, el International Development Research Centre y, demás instituciones aliadas al Proyecto Coaliciones para apoyar procesos socio-políticos hacia la transción agroecológica en Suramérica.

Compartir este artículo

Equipo OCARU

Visited 75 times, 75 visit(s) today
Close