Voces Campesinas Diocelinda Iza «Distribución de la Tierra para la Producción»

Autoría:

OCARU

Fecha de publicación

abril 10, 2020

OCARU

Mi nombre es Diocelinda Iza, soy de la Organización de Mujeres Indígenas y Campesinas Sembrando Esperanza (OMICSE) y soy coordinadora del Movimiento Nacional de Mujeres de Sectores Populares “Luna Creciente” en la provincia de Cotopaxi, pueblo Panzaleo, de la nacionalidad Kichwa.

¿Cómo están viviendo la Pandemia?

En la provincia de Cotopaxi hasta el momento no tenemos muchos infectados, pero es una gran preocupación de la gente, de la población, especialmente de las mujeres.

Desde que llegó la pandemia, ¿Qué ha cambiado en la vida de la comunidad, cómo esto afecta a las mujeres?

Lo que ha cambiado en este momento es la preocupación; estábamos tranquilxs a pesar de la pobreza, de las desigualdades, de las injusticias, de las violaciones a los derechos de las mujeres. Pero desde la llegada del virus hay una preocupación muy grande. La gente que está en pobreza y extrema pobreza, son quienes realmente van a salir más afectadxs, debido a los límites de en el acceso a la salud, por la desnutrición y las condiciones de alimentación. Pero la preocupación no es sólo por lo que pase durante el mes, sino que nos preguntamos ¿qué garantías tenemos para continuar con nuestras vidas?, ¿cómo seguimos de aquí en adelante?

¿Cuáles son los problemas que están enfrentando tras el anuncio de cuarentena a nivel nacional?

Los problemas que estamos enfrentando es que hay gente que ha salido afuera de la comunidad, son migrantes y están regresando. Eso preocupa porque podrían venir contagiados con el virus. Es la gente de la comunidad la que se está organizando. A los que llegan, se les regresan con la policía para que vayan al centro de salud y les midan la temperatura. Es un trabajo de los cabildos y de la comunidad organizada en su conjunto.

Por otro lado, nosotros tenemos producción. El problema es que con tanta incertidumbre, no tenemos garantías para poder salir de las comunidades a vender y esta es otra preocupación. Nos dicen que si salimos vamos a venir contagiados, el Estado no garantiza nuestra salud, especialmente de los pueblos y de las nacionalidades. A esto hay que sumarle que no tenemos servicios básicos. Es complicada la situación de las personas que viven en las comunidades.

También es muy difícil acceder al internet para continuar con los programas educativos, vivimos muchas desigualdades. Para tener internet en casa, una familia no cuenta con el dinero para pagar el mínimo de 25 dólares al mes. Tampoco tenemos acceso a un computador. No hay posibilidades, no hay condiciones, por eso nosotras, las mujeres, siempre decimos que vivimos en una desigualdad, en una brecha social tan grande.

¿Cómo se enteraron de las medidas que se deben tomar frente al coronavirus?

Por un lado, a través de las redes sociales, las personas que están en la ciudad y utilizan esos medios nos han logrado informar. Por otro lado, nosotros tenemos las asambleas mensuales del movimiento indígena de la CONAIE. A través de ellos nos informamos sobre la prevención. Hicieron una campaña para que todos investiguemos y recordemos cómo hacían nuestros abuelos, ya que siempre ha habido muchas enfermedades contagiosas como la fiebre tifoidea. Nuestros abuelos y nuestros padres, al igual que ahora, no tenían acceso a servicios de salud, no había políticas del Estado que apoyen o den servicio a los campesinos y a los indígenas.

Entonces nos hemos basado en los saberes ancestrales, con las hierbas medicinales, hierbas de prevención para cualquier epidemia. Por ejemplo, hierbas de eucalipto, ajenjo, ruda, marco, y otras hierbas se utilizan para prevenir el contagio en las casas. Nosotros no confiamos mucho en los canales de televisión, sino que escuchamos radios locales, como Radio Latacunga, Tv MICC, a través de todo eso nos hemos informado.

Muchos familiares indígenas que vivían en las ciudades, ahora están retornando al campo, ¿por qué vuelven, qué cuentas los que regresan?

Una parte, es por la libertad que nosotros tenemos en el campo. De una u otra manera vivimos, nos alimentamos. Otra parte es por las condiciones económicas. Hay gente que ha migrado para ser vendedores ambulantes que viven del día a día; la ganancia del día para su alimentación. Entonces vivir en la ciudad sin trabajar un día debe ser complicado, eso cuentan los que regresan.
En el campo como sea hay papita, caldo de cebolla y la gente es bien solidaria. Si alguna persona no tiene y otra persona sí, entonces colaboran. Existe solidaridad. Acordándose de eso también están regresando de la ciudad, por la alimentación. De una u otra manera en el campo sí podemos pasar, aunque sea buscando nabo, con lo que sea. Pero en la ciudad, sino tienen dinero ¿qué compra?, ¿cómo vive?. Por eso nosotros siempre hemos peleado que haya una real reforma agraria, la solución no es la migración. La solución es la distribución de la tierra para la producción. Que la gente tanto del campo como de la ciudad tengan suficiente alimento.

Ahora en las comunidades se están haciendo las ferias solidarias. No solamente el dinero es importante. Sino que se puede intercambiar. Nosotros decimos hacer trueques. O sea cambiar productos: si yo tengo cebolla y otros tienen papa se puede intercambiar. En la comunidad todavía existen esos valores de solidaridad donde funciona distinto. No es que yo tengo un dólar de cebolla y entonces me debes dar dólar de papa, no. No es la cantidad, sino es el gesto que tienen de parte y parte.

Las madres a los hijos en este tiempo, les están enseñando a trabajar, a prepararse para la vida, están aprendiendo cómo se cultiva, como siembra, cómo se hace todo. Porque en el campo estamos trabajando, no estamos dentro de un cuarto todo el día.

¿Qué se debe hacer en medio de esta crisis en el campo?

En este momento lo que nosotros exigimos, es que primero el gobierno debe pensar en el bienestar y la economía de la gente de todo el país. No solamente el monocultivo es importante o la minería. Sino la agricultura, sin la cual la gente de la ciudad no come, no vive. Se deben crear políticas de apoyo a la agricultura. Ahora escuché en las noticias que van a dar un bono de $60 dólares, que ojalá llegara a los más vulnerables como los mayorcitos que han dado toda su vida produciendo el campo. Ellos han dado de comer a la gente de la ciudad y ahora ya no tienen fuerzas para trabajar, y en la comunidad a veces no tienen para compensarlos. Si la comida está en el campo, deben haber políticas de apoyo para el agricultor.

Entrevista Diocelinda Iza.

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