Observatorio del cambio rural

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La propuesta de un Pacto Ético por el Campo y su recorrido durante las IV Jornadas Agroecológicas

OCARU / Fotografías @AlGrano

El Grupo de Agricultura Familiar Campesina e Indígena, conformado por el Instituto de Estudios Ecuatorianos, el Observatorio del Cambio Rural, la Fundación Heifer Ecuador, docentes e investigadores de varias universidades y ONGs, con el apoyo de la Universidad Andina y la Agencia Tegantai, dieron inicio a la jornada para el  debate agrario el 19 de octubre. Una pregunta guía arrancó con la discusión: ¿cuáles son los principales avances y retrocesos en torno a la Agricultura Familiar Campesina e Indígena durante la última década?

PRIMERA MESA

Diagnóstico de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena y experiencias alternativas desde la Agroecología

La primera intervención estuvo a cargo de la Clínica Ambiental, quien puso las voces desde la Amazonía. Procesos interesantes provenientes de la práctica agroecológica fueron expuestos por Carlos Aldaz, su representante. Durante su testimonio hizo especial hincapié en el trabajo realizado con niños y jóvenes a través de la cultura. Cuando hablaba de producción agroecológica la concebía como un factor fundamental en el enfoque de una alimentación sana en la Amazonía y otras provincias.

‘’No es fácil llevar el proceso agroecológico porque la gente estuvo vinculado por los trabajos de las empresas petroleras y no trabajaban en campo; y como ahora el petróleo está a la baja, estamos entrando en procesos de Agroecología‘’, insistía el dirigente. Se recalcó el trabajo en capacitación de guardianes de semillas con la puesta en marcha de prácticas modernas junto a prácticas ancestrales.

Entre las principales problemáticas identificadas, destacó la dificultad para la comercialización al no existir relación entre costo y beneficio. La propuesta planteada radicó en la necesidad de buscar formas de producción familiar trabajadas por los SPGs (Sistemas de Participación de Garantía), elementos que deben ser reconocidos por las diferentes instituciones estatales.

ressak

La segunda intervención estuvo desarrollada por la Ressak, voces de la sierra norte. María Teresa Lema Cacuango, representante de la Ressak (Red de Economía Solidaria y Soberanía Alimentaria del Territorio Kayambi) resaltó la necesidad de una construcción de SPG local en su organización que garantice la existencia de productos 100% agroecológicos.

Como actores locales en la construcción de la política pública, se recalcó la participación con organizaciones no gubernamentales y del gobierno como el GAD Pichincha. Una de las iniciativas más concretas les ha permitido a las mujeres de la organización la conformación de canastas agroecológicas y su entrega a las instituciones públicas. En el caso de la ordenanza agroecológica en la provincia de Pichincha y la que está en marcha en el cantón Cayambe, nos comentó que han sido precisamente el movimiento campesino, indígena y de mujeres los que han trabajado en pro de dicha iniciativa normativa e institucional.

Situando al tejido organizativo en el foco del debate, concluyó “con que no se puede ir solos’’ y que, en el camino hacia la Agroecología, la lucha contra las floricultoras se convierte en un elemento esencial.

Nancy

La tercera intervención estuvo a cargo de La Red Agroecológica de Loja (RAL) y su propuesta. Uno de los primeros puntos que resaltó Nancy Huaca fue la importancia del tejido organizativo donde las mujeres conforman el corazón de la Soberanía Alimentaria.

‘’Los transgénicos afectan a la agroecología, ¿qué va a suceder con la vida campesina cuando estén implantados los transgénicos?’’. En la discusión sobre los transgénicos y la rentabilidad, el uso del glifosato se conviertió en un aspecto alarmante dentro de un marco normativo que actúa en contra del campesinado.

Uno de los aspectos centrales que destacó la dirigenta, representante de la RAL, fue que la etapa de masculinización de la agricultura está pasando a otro momento; ese momento es el ahora, el tiempo de feminización, donde las mujeres son las que llevan la mayor carga en la producción y el trabajo comunitario. Como propuesta emancipadora, se destacó que ante la ausencia de política pública, ellas mismas generan sus propias agendas territoriales con la creación de escuelas de semillas.

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La cuarta exposición fue conducida por  Stephen Sherwood, quien puso en discusión la importancia del consumo: “El consumo como verbo: un espacio para la subjetividad”. Representante de Ekorural, Stephen Sherwood identificó que existe un error al limitar a la agroecología al espacio de la agronomía. Sherwood abordó el debate desde la producción y consumo como elementos que han de estar conectados entre sí e insistió en cómo somos responsables de un modelo o tipo de agricultura a partir del tipo de alimentación que llevamos y, de esa forma, permitimos la desaparición de la agricultura campesina.

A modo de conclusión, destacó que, ‘’no somos simplemente víctimas, también somos actores’’. La política pública no sólo depende del Estado, sino de crear nuestras propias incidencias. En relación a la agroecología y el consumo responsable no sólo se trata de una posibilidad, nos encontramos ante un hecho real.

‘’Hay agroecólogos que no son agricultores, hay agroecólogos cocineros, hay agroecólogos en bicicletas, bioconstrucción, hay un trabajo hacia adentro que hay que hacer.’’

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Con el debate sobre una década marcada por un problema estructural y la Agroecología como resistencia, Francisco Hidalgo, del Sistema de Investigación para la problemática Agraria en Ecuador (SIPAE), dio inicio a la quinta intervención de la tarde. Ganar conciencia y tener en cuenta que la problemática de la agricultura ecuatoriana es cada vez más global, configura la idea central en el discurso de Francisco Hidalgo.

Se dio un análisis donde la existencia de un problema alimentario aborda la denominada ‘’crisis civilizatoria’’ en la que hay una conciencia de que el capitalismo no puede resolver el problema del hambre en el mundo. Abordando el contexto nacional, Hidalgo hizo alusión a un proceso de “modernización conservadora” donde el protagonismo reside en el Estado que plantea controlar a los campesinos. En el avance de alternativas, dicho control del Estado se muestra como el principal factor limitante.

Como muestra del escenario actual conservador y que atenta a la cultura campesina –según los datos con los que se cuenta–, el cultivo que más ha crecido es la palma africana y el mayor uso de suelo está en el cultivo de cacao.

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El sexto debate de la tarde lo colocó  Stalin Herrera, del Instituto de Estudios Ecuatorianos (IEE). La construcción de una vía campesina se hace más compleja que en 2006. Herrera, Director del IEE, remarcó que la Agricultura Familiar Campesina es un sujeto de una enorme importancia para el campo en el momento que es generador de trabajo y alimentos.

Para Herrera, el desarrollo científico - técnico ha hecho de la reforma agraria un tema discutible, ‘’por no decir obsoleto’’, indicó el investigador. Y es justo este avance científico - técnico el que origina que los campesinos se incorporen al capital sin grandes extensiones de tierra.

En su análisis del actual contexto político, el momento se muestra contradictorio. Sin embargo, insistió en que la trama no puede ser explicada sin el poder “terrateniente” configurado por los grandes agronegocios, herederos del gamonal que monopoliza y se diversifica en diferentes esferas de la economía; ahora, este poder es parte de las universidades, de la banca y del Estado, entre otros.

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La séptima intervención estuvo en la voz de los trabajadores rurales, en este caso de las bananeras, los mismos que denunciaron las violaciones de derechos humanos en el sector. La encargada fue Maricela Guzmán, de la Asociación Sindical de Trabajadores Agrícolas, Bananeras y Campesinas (ASTAC)

Se mencionó que ASTAC intenta ser la voz de los 1.200 trabajadores que forman parte de la producción bananera. Se motivó a los asistentes a que se interroguen el por qué si hay casi 200.000 trabajadores bananeros en Ecuador apenas existen 100 trabajadores jubilados. La respuesta que dio Maricela fue que este dato es producto de la violación constante de los derechos laborales que impide que se jubilen más trabajadores por año.

La vocera de ASTAC señaló que la violación de derechos laborales está reflejada, cotidianamente, en las 10 y 14 horas diarias que un trabajador le dedica a esta actividad, además de que no posee seguridad social, problema que le impide organizarse. Mientras quienes a pesar de esas condiciones lo intentan, son colocados en listas negras que elaboran los mismos dueños de las haciendas.

Otro elemento que destacaba en su testimonio es que la mujer gana mucho menos que el hombre. ‘’Los trabajadores sufren esclavitud dentro de las plantaciones bananeras y son fumigados‘’.
La Asociación lo que exige es cumplimiento a los derechos humanos, laborales y de salud en una persistente lucha contra grandes maquinarias del agronegocio bananero.

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SEGUNDA MESA

Dialogo entre la institucionalidad pública agraria y los actores campesinos

Para cerrar la jornada del 19 de octubre, la mesa conformada por la Cloc-Vía Campesina y representantes del Ministerio de Agricultura dio inicio en el marco de generar los mecanismos para construir un Pacto Ético por el Campo.

Esteban Daza, del Observatorio del Cambio Rural (OCARU), moderador, dio la apertura a la discusión a partir de una interrogante: ¿por qué se hace necesario caminar hacia un Pacto Ético por el Campo?

Un Pacto Ético por el Campo surge como la propuesta que dispute la lógica de la política pública; el caso más actual y evidente de esta necesidad es la Gran Minga Agropecuaria que apunta a favorecer al agronegocio y a la agroindustria. Según Daza, en los argumentos que sustentan la propuesta gubernamental son evidentes 3 elementos que deben ser cuestionados por una actitud crítica:

1. Se concibe al campesinado como pobre; se le trata como un sector destruido.

2. Se instala una relación entre pobreza e improductividad referida a las Agriculturas Familiares Campesinas. Uno de los ejes comunes de las normativas actual en materia agraria es el impulso a la “productividad” como principio para sacar a los campesinos de la pobreza.

3. Miran en las formas de la Agricultura Familiar Campesina, en la agroecológica y la convencional, prácticas “peligrosas”, “riesgosas”. Dicho razonamiento construye imaginarios de control sobre las pequeñas agriculturas, llevándolas incluso a su desaparición.

Frente a dichos aspectos se viene discutiendo la necesidad de un Pacto ético por el Campo que proponga varios elementos que pongan énfasis en la consolidación de un conglomerado de consumidores conscientes y responsables, en la disputa por los recursos productivos, por los sentidos de la política pública y el campesinado. La disputa de la vida cotidiana en la relación familiar también se erige como un elemento a tener en cuenta donde se empezarían a trabajar los procesos y mecanismos de dominación en torno a la alimentación.

También se señaló como relevante que el Pacto Ético por el Campo ha de nutrirse de las expectativas de los que hacen la agroecología y que, con ello, se puedan generar nuevos comportamientos; recomponer y resignificar comportamientos de respeto entre seres humanos y de relaciones diferentes con la naturaleza.

La primera exposición trató sobre las agendas campesinas y agrarias y de la Cloc Vía Campesina frente a los sectores institucionales y del Estado y fue conducida por Rómulo Quimies. El dirigente de la Cloc – Vía Campesina señaló en su idea clave que los jóvenes no se quedan en el campo porque las leyes no apuntan hacia el sector rural y las condiciones no son fáciles. Teniendo en cuenta que la Agricultura Familiar Campesina no sólo es de ahora, manifestó cómo en Cloc Ecuador y Vía Campesina, en más de 100 países, se ha venido trabajando por la Soberanía Alimentaria. Uno de los puntos de la agenda de la Cloc es la creación de un espacio institucional “propio” para la Agricultura Familiar Campesina, su propuesta es la creación del Ministerio de Soberanía Alimentaria. Otro punto de la agenda a tener en cuenta está en la lucha por la tierra, pues hay miles de hectáreas que no están siendo producidas.

Érika Zárate se hizo cargo de la segunda intervención. Como representante del MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería), diferenció entre políticas sectoriales y políticas integrales, además entre una política como ejercicios de derechos y otra como proveedora de servicios. Tales diferencias aclaran los sentidos con los que se construye la política pública para los campesinos y la agricultura.

Luego de marcas las diferencias entre la política pública, Zárate centra su discusión en la ruralidad, entendida no sólo desde la producción sino como una forma de entender la vida, de reproducción de la vida, indica además que la política sectorial no va puede responder a toda la integralidad que demanda los agrario.

Mencionó una política pública con varias manifestaciones: una para el fomento productivo, de extracción de recursos; otra en defensa y garantía de la Soberanía Alimentaria. La segunda apuesta por el desarrollo de circuitos alternativos de comercialización que pueden incidir en la estructura de los territorios y garantizar los alimentos. Todo ello, en la propuesta de trabajar para que, a partir de los mercados como puntos directos entre consumidor y productor, se logre romper con el fomento de los monocultivos y se impulse la diversificación de modelos agroecológicos de producción. Para finalizar con su exposición, insistió en que el tema agropecuario ha de estar relacionado con el sector de la salud; el campesino como sujeto del territorio y como agente de sus acciones culturales, políticas y económicas.

Laercio Meirelles, Red Ecovida, expuso la experiencia brasileña contada. Meirelles habló de la alternativa agroecológica en Brasil desde su contexto más particular. A pesar de que es el país que más utiliza agrotóxicos en el mundo, la buena noticia es que el movimiento agroecológico instaurado desde hace 30 años está viviendo un crecimiento en la producción agroecológica y en la visión del consumo responsable como una opción política. De esta forma, creció la campaña nacional contra el uso de agrotóxicos para hablar con el consumidor sobre temas muy concretos. Con todo ello, se ha logrado que los movimientos hayan asumido la propuesta y crezcan en la práctica para tener más voz y capacidad de diálogo con los gobiernos provinciales y el federal.

El Instituto de Estudios Ecuatorianos y el Observatorio del Cambio Rural seguirán propiciando y apoyando la generación de estos espacios imprescindibles que visibilizan las voces de los diferentes actores. El debate agrario continúa.

‘’Las jornadas y el evento son una vinculación a un resistencia informada que nos convoque desde la alegría a las prácticas propositivas y que la investigación sea con una desviación positiva’’, Cecilia Ponce, Grupo de Agricultura Familiar Campesina.

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OCARU, 5 de noviembre de 2017